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Ángel es un hombre de 45 años que convive con su mujer y sus dos hijos de 7 y 9 años. Desde hace más de 15 años trabaja como ingeniero químico en una empresa, en la que tiene un trabajo por turnos, en el que cada semana cambia de mañana, a tarde y a noche, siendo los turnos de noche de 10 horas de duración.

 

En estos últimos meses, cada vez que trabaja en turno de noche, siente una mayor dificultad para conciliar el sueño, durmiendo de forma fraccionada (se despierta entre 2 y 3 veces durante todo el sueño) y despertándose a las 5 o 6 horas sin poder dormir más.

Su rutina en estas semanas en las que trabaja de noche es la siguiente:

Suele llegar a su casa a las 7.30 de la mañana, prepara el desayuno para toda la familia, y sobre las 8 de la mañana despierta a sus hijos, desayuna con ellos y pasan un rato juntos hasta que, sobre las 9h, cuando éstos ya se los ha llevado su mujer al colegio, se acuesta, aunque aún tardará un rato en dormirse.

El piso en el que vive está ubicado en el centro de la ciudad. La habitación en la que duerme, la cual da directamente a una calle muy transitada, tiene una pésima insonorización, por lo cual permea no sólo el ruido de la circulación, sino también el de las voces de los vecinos. A lo que se suma el hecho de ser un verano muy cálido, por lo que en muchos de sus despertares se encuentra a sí mismo envuelto en sudor.

Suele levantarse sobre las 15h, cansado de dar vueltas en la cama sin poder dormir más. Se prepara algo de comer (lo que para él es su desayuno), y se queda en el sofá un par de horas. En esas horas acostumbra a comer cualquier cosa, cosa que agrava el sobrepeso que está sufriendo en estos últimos años. Hasta que sobre las 18h se ducha y va a recoger a sus hijos de la actividad extraescolar y los trae de vuelta a casa. Les ayuda con los deberes, y sobre las 19.30 prepara la cena (su comida), come y vuelve al trabajo.

En el trabajo nota que estas semanas de turnos nocturnos le cuesta más concentrarse, y tiene más descuidos que en el resto de semanas. Así mismo, en términos generales, se nota más desanimado, sin motivación por aquellas cosas que antes sí le gustaba hacer.

 

Ángel es fumador desde hace 30 años, pero reconoce que en las semanas en las que tiene turnos de noche aumenta considerablemente el consumo de tabaco, llegando a fumarse un mínimo de un paquete diario.

 

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